Descubrir Un día de nieve fue para mi como ver caer por primera vez esos suaves copos de las nubes. Leerlo me trajo de inmediato a la memoria un poema de Michio Mado, el que comienza: Un mínimo copo de nieve/ descendió a mis dedos/ para darme un mensaje/ del cielo.
El estadounidense autor de este libro, si viviera, cumpliría ahora 97 años. El japonés Mado tendría 104. Es muy posible que no hubieran oído hablar nunca el uno del otro y, sin embargo, estaban conectados por el hilo invisible de una sensibilidad común. Esta conexión me hace valorar aún más el libro de Keats.
Lo extraordinario de Un día en la nieve no es que haya sido el primer libro infantil en el que aparece un niño negro, no es que haya sido publicado en 1962 y que hasta ahora no se hubiera editado en España, no es que el autor haya utilizado como novedad la técnica de exquisitos collages para ilustrarlo, no es que esté escrito con una apabullante sencillez, no es que esté editado de manera tan primorosa que hasta la sobrecubierta es una joya, no, no es solo eso. Lo fabuloso es que no ha perdido ni un ápice de frescura, ni de vigencia ni de modernidad.
NOTA:
Ezra Jack Keats, el autor de Un día de nieve, fue galardonado en 1963 con el Premio Caldecott, el más prestigioso que se otorga en Estados Unidos a una obra infantil
Michio Madofue Premio Andersen 1994.
El poema Un copo e nieve fue traducido por Carmen Bravo Villasante.