Decía George Sand que “el beso es una forma de diálogo”. Vanesa Pérez-Sauquillo no lo rehúye, ni vacila en dirigirse a sus lectores pidiéndoles respuestas: “¿Queréis saber entonces cómo se rompió la maldición?”… “¿Habéis oído hablar alguna vez de las lámparas maravillosas?”... “¿Sabéis que hizo nuestra oveja?”…
Y me atrevo a contestar en sus nombres: “Claro que sí”. Porque los niños quieren saberlo todo, y son capaces de descubrir incluso lo más oculto. Claro que, en este caso, la autora no se lo pone difícil. Un genio, un dragón, un rey, una bruja o un monstruo de mil caras, todos salen al encuentro del niño que lee, severos o sonrientes, como la bondadosa Rata vendedora de castañas.
Aunque los besos que gozosos se esparcen por este centenar largo de páginas los destina su autora “para las buenas noches”, son igualmente válidos para amanecer con ellos en los labios y poder conjurar las asechanzas del día que comienza.