Manolina Espinosa nos deleita, como siempre, con un libro de poemas cortos que recuerdan vagamente a los Haikus japoneses.
Dedicado a pequeños lectores, los pasea desde el inicio del día hasta el anochecer por las calles de una ciudad soñada. Les sugiere contemplar lo que ocurre en ellas, abriéndoles caminos hacia la imaginación y la fantasía, tan necesarias en estos momentos. A ello contribuye las delicadas ilustraciones de Paloma Guerrero Arantave.