Arranca Mallko y papá con una potente metáfora: «Cuando Mallko nació, atacó mi castillo con todas sus fuerzas, con todo su ejército». Acompaña a esta expresión la ilustración de un castillo inexpugnable. Desde la torre central, el rey contempla atónito cómo el ejército de Mallko está a punto de asaltar su fortaleza. Es una manera genial de expresar esta perplejidad, este creer que ya no puedes hacer nada, que lo que te ha ocurrido es un inexplicable castigo divino. Y estos sentimientos arrasadores le brotan al autor cuando le llega de repente, como una imposición del cielo, ¡un hijo con el síndrome de Down!
Gusti es un fabuloso ilustrador que domina todas las técnicas. En este libro hace un experto uso de ellas, y las completa con meditados textos. Y todo ello se nos presenta envuelto en una admirable maquetación. Con gran convicción narra las vicisitudes por las que ha pasado desde que entró en su vida el extraño que le hizo rendir su fortaleza. Y cómo, conquistador y conquistado, se convirtieron, conviviendo, en algo tan difícil y sencillo como es ser padre e hijo. Gusti nos muestra primero la no aceptación vergonzante; después, la NO rotunda aceptación o el rechazo. El rechazo sume a quien lo padece en un enmarañamiento de sentimientos de culpabilidad, en un laberinto de angustia del que se llega a creer que no se podrá salir nunca, que lo más que se puede conseguir es la aceptación resignada o pasiva. Pero a veces ocurre algo sorprendente, pues de ese estado de confusión puede surgir la Aceptación Elegida, como se muestra en Mallko y papá. Este extraordinario libro es, en síntesis, un valiente y hermoso canto a la Aceptación Elegida.